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En nuestra sociedad es común alabar cada acción del niño o niña con un ¡Muy bien!. Es normal que nos emocionemos con cada aprendizaje o nueva descubierta del pequeño, pero a veces hacemos un uso excesivo del ¡muy bien!. En Daddum, después de leer el artículo Cinco razones para dejar de decir ¡muy bien! de Alfie Kohn,  nos planteamos que aporta en el niño o niña alabar verbalmente sus acciones.

¿Qué aporta al niño o niña decir ¡Muy bien!?

  • Dependencia: a la larga el niño o niña espera siempre el elogio que le da la aprobación para seguir actuando. Debemos conseguir que aprendan y actúen de manera autónoma y por placer, sin esperar nada a cambio.
  • Valoración: al decir ¡muy bien! valoramos su proceso y, por un lado es conveniente que el niño o niña haga las cosas porque tocan, no por recibir una valoración. Por otro lado decir ¡muy bien! determina al pequeño como se debe sentir cuando alomejor, para él, su acto no se resume con un ¡muy bien!
  • Pierden interés: estarán actuando solo cuando miramos para recibir nuestro elogio y cuando ya no le observamos dejan de realizar la acción.

¿Cuál es nuestro papel como adultos?

  • Mirar: dicen que una mirada vale más que mil palabras. A veces con mirar al niño o niña es suficiente para que encuentre la aprobación o para hacerle saber que has visto su nuevo logro, permitiéndole así que siga jugando y aprendiendo.
  • Verbalizar lo sucedido: explicar verbalmente lo que ha hecho el niño, te has terminado la comida, le ayudará a comprender qué ha sucedido de manera objetiva y sin sentirse juzgado. Por otro lado verá cuál es su “logro”, un muy bien no explicita lo que ha hecho, en cambio verbalizar la acción le permite asentar lo aprendido o realizado.
  • Silencio: los adultos también aprendemos día tras día y si en cada pequeño paso nos interrumpiera una voz para decirnos lo bien que lo hemos hecho, posiblemente no acabaríamos el aprendizaje. Si cuando el niño está montando una torre soltamos un ¡Muy bien!, posiblemente interrumpamos el proceso y no puede terminar su aprendizaje, ya sea hacerla más alta, deshacerla o simplemente observarla.
  • Preguntar: hacer preguntas sobre lo que ha hecho ayuda a tomar más conciencia sobre lo realizado. Podemos preguntar ¿Cómo lo has hecho? ayudándole así a consolidar el aprendizaje.

¿Dejar de decir ¡muy bien!?

  • ¡NO! Los excesos nunca fueron buenos y verbalmente hablando no hay excepción. Desde mi punto de vista el ¡Muy bien! está y debe estar presente en el día a día, pero de manera controlada. Debemos ser capaces de observar en que situaciones podemos evitar un muy bien y reconvertirlo en silencios, miradas o palabras, para reforzar y explicitar el aprendizaje, en vez de hacer un juicio de valor. En nuestra sociedad el ¡muy bien! se usa sobretodo en momentos festivos como cuando terminamos una obra o cantamos una canción y, creo, que no se debe perder esta actitud festiva acompañada verbalmente de un ¡Muy bien!

¡Recuerda! Acompáñale en sus aprendizajes y deja que actúe de forma autónoma, que aprenda por el placer de aprender.

tampo marta

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