…QUE TENGO PRISA. Al inicio de mi carrera profesional quería hacer tantas cosas y que todo estuviera tan perfecto que actuaba con estrés, con nervios. Daba la merienda pensando “corre que en 30 minutos tienen que haber comido todos, haberse lavado las manos y estar listos para ir a casa”. Hasta que un día me relajé, prioricé que los niños y niñas tuvieran su propio tiempo y ritmo para merendar, para aprender a comer solos. Aquél día me di cuenta que, gracias al clima relajado, fue la mejor merienda del año y además tuvimos tiempo, no solo de compartir momentos, de hablar de la comida, de dedicar unas palabras a cada niño y niña, sino también de merendar y lavar manos.

A veces nos ponemos presiones innecesarias, que nos crean tensión y estrés. El problema es que el estrés no solo se queda en nosotros, sino que se trasmite a los niños y niñas, creando un clima de tensión, nada favorable para su aprendizaje y desarrollo.

Quiero daros algunos consejos propios, para cuando el estrés se apiade de nosotros, con el fin de relajarnos y realizar nuestra tarea de una forma más favorable.

  • Stop: para un momento, respira profundo y date cuenta que tu actitud solo provoca más tensión e inquietud.
  • Nada es tan grave para perder los nervios: a veces creemos que no podemos más, que la situación nos supera. Pero date cuenta que no hay nada suficientemente grave como para volverte loco. Por ejemplo: un niño no para de subir a la mesa. Necesita moverse y es normal que pruebe sus posibilidades motrices, acompáñale a bajar y proponle otro juego o entorno que satisfaga sus necesidades. ¿A qué no se ve tan grave, ni desmesurada, la situación vista desde fuera?
  • Actúa de la forma más calmada que puedas: es muy importante actuar relajadamente, que tus acciones no sean bruscas, ya que lo único que conseguirías es crear un ambiente más tenso. ¿Qué tienes que acompañar al niño a bajar de la mesa? Hazlo, pero de manera suave, que vea que tu gesto es solo una prolongación de tus palabras.
  • No levantes la voz: a veces pensamos que chillando se arregla todo. El chillar solo crea más tensión y que los niños aun alcen más la voz, antes de chillar es mejor callar y esperar que se calmen. Si chillas ven que están recibiendo tu atención, así que fomentas que sigan haciendo o actuando como no es conveniente.
  • Busca tu propia técnica: a veces cantar una canción suave hace que presten atención a la vez que la música calma el ambiente. No debemos olvidar que cada grupo, así como cada niño/niña es único, de manera que a cada uno le funcionará una técnica distinta, pero es importante encontrar un recurso para crear nuevamente un ambiente tranquilo y óptimo para el desarrollo.
  • No mecanizar acciones: ni el estrés es escusa para no dedicar a cada niño la atención merecida. Haz que cada momento, cada cambio de pañales, cada acompañamiento, sea solo para él, dedicándole palabras, miradas y un trato tierno y agradable que le hagan sentir a gusto y querido.

Una vez pasado el momento de “tensión”, ya en casa, es importante hacer una autocrítica para valorar que es lo que no has hecho como deberías, e intentar buscar alternativas más satisfactorías para situaciones próximas. Nadie nace aprendido, todos cometemos “errores” pero lo importante es autoobservarse para cambiar lo que no nos gusta e ir mejorando día tras día.

clima

¡Recuerda! Todos perdemos los nervios, pero recuperarlos depende de ti.

tampo marta

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