¡Te comeré a besos! o ¡Ay que te como! son frases que usamos a diario cuando nuestro amor hacia una persona es tan grande que nos cuesta controlar dicha emoción. Los adultos sabemos que un mordisco puede doler, es por eso que nos retenemos, pero, ¿los niños saben que duele?

En las primeras edades la boca es nuestra primera herramienta social y de exploración del entorno. Morder es un acto natural, igual que lo es pegar, tirar de los pelos o acariciar; no obstante un mordisco es más aparatoso que las otras acciones, debido a la marca que deja a quien lo recibe. Detrás del mordisco de un niño no hay intención de causar dolor, sino de comunicar o expresar sus emociones, ya que entre 1 y 3 años aún no han adquirido el lenguaje para poderlo hacer mediante el habla.

¿Porqué muerden los niños y niñas?

  • Sobreestimulación: a veces se sienten tan estimulados que pierden el control y realizan acciones como pegar o morder.
  • Invasión del espacio: compartir un mismo espacio con más niños y niñas no siempre es fácil. Cuando alguién se les acerca demasiado se sienten invadidos y manifiestan su necesidad de espacio mediante un mordisco.
  • Ansiedad: cualquier cambio en la vida del niño puede provocarle ansiedad que le lleve a morder.
  • Dentición: el dolor de las encías al salir los dientes puede conllevar que necesite morder para calmarlo.
  • Curiosidad: ¿qué pasa si muerdo? La boca es un medio de exploración, e igual que prueban qué pasa si tiran un juguete al suelo, algunos niños y niñas muerden para ver cuál es la sensación y consecuencia de su acto .

¿Qué podemos hacer?

Antes de morder:

  • Observar el motivo que le incita a morder: a veces un pequeño cambio en su vida, como puede ser quitarle el chupete, un muñeco, el nacimiento de un hermano, etc. pueden producir tal ansiedad al niño o niña que desencadene el mordisco como respuesta a dicha ansiedad. Debemos de observar cuál es el motivo que subyace en el acto de morder para poder actuar y resolver el foco del problema.
  • Anticiparnos a la acción: Si observamos al niño veremos que los mordiscos se dan a cabo en un contexto similar: un niño está muy cerca de él, está muy nervioso, etc. Cuando veas que se crea un contexto en el que pueda morder cambia su atención hacia otra cosa, ya sea proponiéndole una actividad o pidiéndole que te ayude un momento.

Una vez ha mordido:

  • Mostrarle el dolor ocasionado al compañero: como hemos mencionado anteriormente, el niño no es consciente del dolor. Explícale que su acción le ha hecho daño a su compañero, para que vea la consecuencia de su acción.
  • No darle demasiada importancia: aunque un mordisco sea visualmente más aparatoso, nunca debemos dar más importancia que la que daríamos a un golpe o un tirón de pelos. Si el niño ve que mordiendo recibe atención va a seguir haciéndolo.
  • Darle alternativas para morder: podemos crear un rincón en el aula dotado de objetos para morder, como una manzana o un mordedor, que permitan al niño poder satisfacer sus ganas de exteriorizar la ansiedad.

mossegades

¡Tranquilos! Ningún niño ni niña muerde toda la vida. Hacia los 3 años, con la adquisición del lenguaje y el aprendizaje de estrategias para canalizar emociones, dejaran de morder.

 

– Marta Gimeno –

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