¡Se acabaron las vacaciones de Navidad! Para los más pequeños la vuelta a la escuela supone muchas emociones y sentimientos. Nos separamos de los familiares, con la pena que esto conlleva; tenemos que convivir con más niños y niñas, surgiendo algún que otro conflicto; y un largo etcétera de momentos que hacen que las emociones estén a flor de piel. Desde la escuela debemos afrontar dichas situaciones, pero ¿cómo podemos ayudar al niño o niña cuando florece una emoción?

Para mí todo parte de un acompañamiento emocional. Son muchas las veces que cortamos un llanto de enojo con un simple “no pasa nada”, cuando si el niño llora es porque algo pasa. No se trata de reprimir emociones (ya que tienen una función en nuestro organismo), se trata de acompañar al niño en su emoción, con el fin de que comprenda cómo se siente, porqué se siente así y darle estrategias para afrontar situaciones similares en un futuro.

Las fases a seguir para hacer un acompañamiento emocional durante las primeras edades, desde mi punto de vista, son las siguientes.

  1. Poner nombre a lo que siente.  Desde pequeños debemos hacer explícitas sus emociones en las distintas situaciones del día a día, sobretodo cuando su falta de lenguaje les impide poner palabras. Por ejemplo: estás triste porqué papá se ha ido a trabajar; veo que tenías hambre y te has puesto muy contento al ver la comida; etc. Eso les permitiará ir identificando las distintas emociones y avanzar en su autoconocimiento emocional.
  2. Preguntarle cómo se sienten. Cuando ya han adquirido el lenguaje, es importante dar un espacio a cada niño y niña para que pueda expresar cómo se siente, de manera libre, ofreciéndole ayuda en caso necesario. Compartir las emociones con los compañeros nos hace más ricos y fomenta la empatía (habilidad de ponerse en el lugar del otro), a la vez que permite ayudarnos los unos a los otros.
  3. Ofrecer estrategias para gestionar sus emociones. La gestión de las emociones no siempre es fácil; a veces un enfado se puede convertir en una pelea, o una alegría extrema en autolesiones. Es por eso que, una vez identificado un estado emocional, debemos de dotarles de herramientas para afrontarlo de forma positiva. Hay distintas estrategias que podemos poner a su alcance, como respirar profundo o contar hasta diez. (Dicen que si te limitas a respirar, a tomar conciencia de tu respiración, tu cuerpo deja de pensar en “los problemas” y, poco a poco, se relaja.)

Con un buen acompañamiento emocional ayudaremos al niño a identificar sus emociones, comprender el motivo que las aflora y lograr una buena autoregulación emocional, beneficiando su calidad de vida.

¡A tener en cuenta! A continuación mencionaremos algunos aspectos que nos ofrece una buena educación emocional.

  • Mayor autoestima. Conocer y gestionar las propias emociones fomenta el conocimiento de uno mismo, aumenta el autocontrol  y permite automotivarse delante de una situación. Estos aprendizajes son muy imporantes para el desarrollo de la autoestima y el autoconcepto.
  • Relaciones más ricas. Compartir las emociones y ser capaz de ponernos en el lugar del otro (empatía) influencía en nuestra manera de socializarnos, beneficiando la relación con los otros.
  • Mayor rendimiento. Se dice que las emociones influyen de manera transversal en nuestro día a día. Así pues una persona con un buen estado emocional estará más predispuesta a aprender y explorar que una persona que sus emociones ocupan gran parte de sus pensamientos.

A continuación os invito a ver un video donde distintas personas nos cuentan que sienten cuando se anojan y que hacen delante de esa emoción: solo respira.

 

¡Y recuerda! Si tenemos lágrimas son para llorar.

emociones

tampo marta

Anuncios