El otro día, en una cena, estaba hablando con unas amigas de temas corrientes cuando de repente una de ellas dijo: “hay una niña en el cole que parece la RAE (Real academia española) porque usa palabras demasiado correctas para su edad”.

Fue allí cuando surgió mi pequeña reflexión. Si los niños y niñas están predispuestos a aprender miles de palabras, con sonidos y pronunciaciones distintas, ¿por qué utilizamos un lenguaje infantil al dirigirnos a ellos? ¿A caso es menos complejo pronunciar zapatitos que zapatos?

  1. Cada cosa por su nombre. Vivimos en un mundo donde hemos otorgado un nombre a cada cosa, objeto, emoción, etc. No tiene sentido decirle guau al perro cuando el resto de la humanidad hace referencia a él como perro. No debemos olvidar que los niños, por pequeños que sean, habitan en el mismo mundo que los adultos y para ellos resulta igual de complejo aprender que al perro se le designa perro que guau. No obstante, decir guau al perro comportará al niño reaprender que el animal que él conocía como guau para el resto del mundo es un perro.

  2. Aua es agua. Es lógico que los niños cuando aprenden a hablar no sepan pronunciar todos los sonidos adultos, debido a su inmadurez del sistema fonológico. Es por eso que en vez de agua dirá aua y ocurrirá lo mismo con otras palabras. Aún así no debemos olvidar que somos nosotros los que tenemos que enseñarle a pronunciar dichos sonidos y no caer en el error de utilizar los mayores su vocabulario aún inmaduro, diciendo aua en vez de agua, tete en vez de chupete, etc; sino ¿cuándo aprenderá a hablar bien?

  3. Por muy pequeños que sean su mundo no empequeñece. No es necesario convertir todo lo que les rodea en un mundo miniatura, ya que: uno no es tan pequeño y dos está hecho a su medida, así que para él es tan grande como para ti tu chaqueta, tus zapatos, etc. Por muy alto que seas si te digo: “coge tus zapatotes”  te gustará ¿no, verdad? A él tampoco. Así pues, deja de encoger su mundo y háblale como es debido, usando las mismas palabras que usarías para ti. Ya aprenderá los diminutivos, pero no es necesario que conviertas su mundo en diminuto.

Después de comentar los tres principales “errores” cometidos al hablar con los más pequeños, os dejo unos consejos para mantener conversaciones con ellos y ayudarlos en el aprendizaje del lenguaje.

  • No infantilizar: usar estructuras simples y acordes con su edad, pero haciendo un uso adecuado del lenguaje.

    Ejemplo: El nene quiere agua. → NO! A nene quiere aua.

  • Encadenamientos: empezar una frase o palabra con la finalidad que él la termine.Ejemplo: Aserrín, aserrán, los maderos de San…Juan
  • Correcciones implícitas: consiste en repetir lo que dice el niño justo después de él, con la finalidad de mejorar algún aspecto.

    Ejemplo: Quiero aua¿Quieres agua? 

  • Expansiones: añadir una palabra que ha omitido.

    Ejemplo: Niña aua La niña quiere agua.

zapatitos

¡Recuerda! Sois un modelo a seguir.

tampo marta

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